El Santiago Bernabéu se había habituado en los últimos dos años y medio a visualizar en su banquillo la figura de un técnico, Zinedine Zidane, difícilmente alterable, para bien o para mal. El francés era un preparador que vivía los encuentros con relativa serenidad, a menudo, sentado en su butaca, sin gesticular en exceso ni comunicarse de manera continua con sus jugadores. Desde este verano, los jugadores del Real Madrid y el público de Chamartín conviven con un método diferente. La figura parsimoniosa de Zidane contrasta con la de un Julen Lopetegui inquieto, incapaz de mantenerse inmóvil en la zona del área técnica y sin gesticular y dar órdenes e instrucciones a sus muchachos. Ayer, ante el Espanyol, en el partido más espeso de los suyos este curso, se le vio especialmente alterado, a veces incluso angustiado con los numerosos errores en la circulación que cometieron sus pupilos en la segunda mitad.
source Portada de Deportes | EL PAÍS https://ift.tt/2xLwSUi
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire