Nairo jovial lleva una gran tirita blanca en el brazo que le recuerda a todas horas su Tour de Francia frustrado. La herida que se hizo cuando se cayó cerca de Pau se ha reabierto con el calor de la Vuelta, y es un incordio. De su rotura de rodilla en el prólogo del Tour anterior, el de 2017, apenas habla Valverde, y Ion Izagirre, que se cayó tres minutos más tarde en la misma curva empapada del prólogo de Düsseldorf del Tour, dice, cuando se le recuerda, que ni se acordaba, y eso que sufrió la fractura de una vértebra y largos meses de recuperación para volver a ser él. “Tenía hasta olvidada la caída, y eso es lo mejor”, dice el corredor guipuzcoano del Bahréin, quinto en la general a 17s del líder Simon Yates, a 16s de Valverde, a 3s de Nairo. “Y, después de eso, llegar a la Vuelta y estar con los mejores, ni en los mejores sueños me lo imaginaba, como se dice”.
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