Los observadores ajenos solían quedarse perplejos cada vez que visitaban los entrenamientos de Carlo Ancelotti en el Madrid. Allí reinaba un clima como de campamento de verano. Los jugadores se mostraban genuinamente felices ante lo que parecía un regreso al fútbol primordial. Algo así sucedió con Zinedine Zidane —discípulo de Ancelotti— entre 2016 y 2018, solo que con un aliciente místico.
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