Una aparición inesperada con el reloj a punto de detenerse evitó el despropósito del Atlético ayer ante el Eibar. Borja Garcés, convocado de urgencia por Diego Simeone y al que introdujo en el campo a falta de 20 minutos, suturó con un gol en el tiempo añadido una herida que no impide que el conjunto rojiblanco siga desangrándose. La celebración del quinto punto de los 12 en juego quedó diluida ante la evidencia del raquítico bagaje que supone para un aspirante al título, muy lejos de las aspiraciones deportivas refrendadas a partir de las múltiples inversiones de los últimos años. “Entre lo positivo y lo negativo yo elijo quedarme con lo primero”, señaló Simeone, agarrándose a las cifras que sostienen que el Atlético atacó más que su rival y solo la fenomenal actuación del portero del Eibar, Marko Dmitrovic, evitó la victoria. Obvió el técnico argentino una debilidad defensiva que empieza a cronificarse, lo que impide a su equipo gestionar los ritmos del partido independientemente del rival.
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