VAR: fútbol con preservativo. Veo el fútbol como un juego salvaje en el que la tecnología no tiene cabida y, por pura coherencia, miro al VAR como a un intruso que nos cuenta una verdad a destiempo. Tener razón tarde puede que sea inoportuno, pero no deja de ser justo. Como no es decente hablar contra la justicia, por pura incoherencia, me uno con desgana a los aplausos que recibió el VAR en las primeras jornadas de Liga. Errores aparte, que los hay, el VAR ayuda a que los conspiranoicos dejen de ver al árbitro como un bulto sospechoso. El sentimiento de justicia y la paz social tras una decisión de la junta arbitral no son cuestiones menores, pero le quita al fútbol la explosividad espontánea, que es parte importante de su naturaleza. El juego “salvaje y sentimental”, que definió el infalible Javier Marías, se nos está civilizando al precio de tener que gritar gol un minuto después del gol.
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