Durante el calentamiento, entre los estrechos márgenes que delimitan el pasillo por el que corren los jugadores, la figura de Borja Garcés (Melilla, 19 años) parecía desvanecerse. El canterano, miembro del Atlético B, de Segunda B, convocado de urgencia ante la plaga de lesiones que asolan al Atlético, esperaba su momento. Sus botas verdes le conferían un punto colorido que le hacían fácilmente observable desde la distancia. Con el partido a cero, Simeone lo llamó para demostrar su valía. Lo primero que escuchó Garcés, que llegó al Atlético en 2016 procedente del Rusadir, melillense, y tras desechar una propuesta del Málaga, fue una sonora pitada. No para él, ni para Rodrigo, quien le dio la alternativa, sino para su entrenador.
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