La paciencia de Ernesto Valverde parece infinita, técnico de club por excelencia como ha sido siempre desde su estreno en el Athletic, también en una institución tan compleja como el Barcelona. La temporada pasada ya fue especialmente difícil para el Txingurri después de la huida de Neymar a París. El entrenador, sin embargo, consiguió llevar al equipo hasta ganar LaLiga y la Copa. Utilizó la partida del brasileño para jugar con el futbolista número 11, a veces eligió a un volante y, en ocasiones, a un delantero, convencido de que el secreto no está en el dibujo sino en “cómo atacas y cómo defiendes”, y más en un equipo tan sofisticado como el Barça. El reto ahora es doble porque hay que “volver a ganar, cosa más difícil que ganar”, y porque de la alineación se ha caído Iniesta, el anterior capitán, goleador hoy en la Liga de Japón.
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