Es peor la duda que la realidad. El francés Pierre-Ambroise Bosse rompió los planes de Álvaro de Arriba, que después de la semifinal había trazado un plan: la carrera decisiva se decidiría en los últimos 200 metros y habría que correrlos en menos de 25 segundos para ganar. Iba el salmantino a por el oro, preocupado más que nada porque no le pasara lo mismo que en el Mundial de Birmingham. Allí el líder del equipo no era el vendaval Ordóñez que este año ha dejado atrás a keniatas, al campeón del mundo, y ha batido dos veces el récord nacional, no. En Birmingham el líder era él y un resfriado le impidió rendir al máximo en la final. “Tendré que tener cuidado con el aire acondicionado aquí en Berlín”, bromeaba pero muy en serio De Arriba.
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