vendredi 17 août 2018

La arriesgada apuesta del Celta

El magnífico precedente del inicio de la década pasada, cuando dejó su sello incluso en la Liga de Campeones, le resta fulgor al presente del Celta, magnífico en la medida en que por tercera vez en su historia encadenará una séptima campaña en la máxima categoría del fútbol español. En ese tiempo ha sabido reinventarse sin perder una esencia que poco tiene que ver con aquel equipo que bregaba en embarradas chocolateras en los años sesenta. El Celta es ahora sinónimo de buen pie y de atinada gestión deportiva, un club capaz de emerger desde el concurso de acreedores hacia la deuda cero y vender a sus mejores activos sin sufrir grandes vaivenes futbolísticos. Desde que en 2012 regresó a la máxima categoría el único que se fue para regresar fue el simpar Iago Aspas, pero salieron sin marcha atrás pilares que semejaban imprescindibles. A Augusto le sucedió Krohn-Dehli y a éste Wass, que se marchó este verano al Valencia. También se fueron Jonny, Sergi Gómez o Pablo Hernández, cuatro titulares de una tacada. Antes se marcharon Roberto Lago, Jota Peleteiro, Yoel, Santi Mina, Nolito y Orellana. Lobotka llegó hace un verano por cinco millones de euros y ha multiplicado ese precio por siete en el mercado. Y el charrúa Maxi Gómez, 18 goles después, ya cotiza por diez los cuatro millones que se pagaron por él y que hace un verano parecían un dispendio. Al Celta no le asusta explotar caladeros, comprar y vender. Crecer, en definitiva. Pero ahora afronta su apuesta más arriesgada y quiere amortizarla desde esta tarde en Vigo contra el Espanyol (18.15, BeIN La Liga).

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