Nunca se sabrá como hubiese evolucionado el partido si el Manchester United no se hubiese visto en ventaja al segundo minuto de haber comenzado la Premier. Ocurrió así. Marcó, especuló y, al final, sentenció al Leicester, que descontó muy al final, sin tiempo para fabricar siquiera una opción de empate (2-1). Un sector de la grada, minoritario pero ruidoso, coreó durante diversas fases del partido a Jose Mourinho. Bien está lo que bien acaba, pero por ahora para el Manchester apenas terminó la primera jornada. Deberá jugar a otra cosa si quiere estar en la clasificación a la altura no ya de su linaje sino también de su chequera.
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