Sergio García daba su último golpe en Carnoustie cuando justo al lado, en el tee del uno, el presentador daba la alternativa Jon Rahm. Parecía un maquiavélico cruce de caminos. Precisamente en el momento en el que el castellonense se retiraba, el vasco se lanzaba a por la presa. Incluso el cielo había dividido los capítulos. El grifo de la mañana se había cerrado, y no había una pizca de viento. A Rahm le sonreían unas condiciones perfectas. Pero lo que parecían dos películas diferentes acabaron siendo la misma. Rahm, como García, y como Jorge Campillo, fuera de combate.
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