Hay derrotas especialmente dañinas, pocas como la de España, abatida en los penaltis por Rusia. La superioridad de la Roja era tan manifiesta que nadie reparó en los desdichados partidos anteriores de la Copa contra Portugal, Marruecos e Irán, ni tampoco en los amistosos previos ante Túnez y Suiza, seguramente porque antes había goleado a Argentina y domado a Alemania. Mal asunto cuando la victoria se da por descontada y solo se repara en la bondad del cuadro del Mundial.
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