El mismo día que Messi y Cristiano Ronaldo entraron en barrena con sus selecciones, Kylian Mbappé (París, 1999) irrumpió con un estallido de poderío individual que no se contemplaba en un Mundial desde que Pelé maravilló con 17 años en el de Suecia de 1958. Con solo 19 años, Mbappé amasó los tres planos que definen a los deportistas superdotados. Fue un torbellino físico imparable para los estupefactos zagueros argentinos, mostró ser un dechado de virtudes técnicas en las conducciones y en la definición, y por último enseñó una madurez impropia para un chico que acaba de rebasar la mayoría de edad.
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