Expertos en el arte del camuflaje, la persuasión y la emboscada, los viejos líderes futbolísticos hacen fuera del campo más o menos aquello que les hizo grandes cuando estaban adentro: disimular su verdadera índole. Luis Enrique llevó su presentación como seleccionador de España por el cauce predecible del autocontrol, la simpatía y la vocación pedagógica, hasta que el enviado de una cadena de radio le pidió que se definiera ideológicamente a la luz de sus presuntas manifestaciones en favor del derecho a la autodeterminación en Cataluña. “No voy a hablar de política”, masculló. “Lo que usted ha dicho no se ajusta a la realidad. Puedo entender la mala intención pero me resbala. Yo me siento orgulloso de ser lo que soy. Yo me considero asturiano, gijonés y español ¡Y también catalán! El que acuse a un gijonés [de no ser patriota] no debe conocer a Pelayo!”.
source Portada de Deportes | EL PAÍS https://ift.tt/2LbnLpm
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire