Un día antes de llegar, pensar en la montaña emociona a los ciclistas, alimenta sus esperanzas, les permite imaginar peleas cuerpo a cuerpo victoriosas, les hace gozar por anticipado de las sensaciones felices que les invadirán marchando solos, delante de todos, inalcanzables: saben que la derrota, si llega como temen, será la consecuencia de haber osado, de haber sido. Quien no pierde no existe.
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