Como una pelota que flotara por estadios siderales, la Tierra es redonda y rueda a patadas alrededor del sol. Lo sabemos. Pero vivimos como si fuera plana y nos movemos como si estuviera quieta. Somos unos redomados hipócritas. Así mismo, unos dicen que hay un solo Dios para todos. Pero tienen por lo menos dos: el suyo y el de los demás. Excluyendo a los que no tienen ninguno, en este Mundial todos tienen su dios personal. Son muchos los dioses de los jugadores. Tantos y variados como los colores de las camisetas y su precio en el mercado.
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