Pasados los Alpes, mientras los equipos de socorro hacen recuento –13 bajas entre heridos y agotados en la primera travesía montañosa del Tour: no quedan sprinters más que Peter Sagan, que todo lo resiste, y dos o tres secundarios--, los padres buscan en las hojas de las clasificaciones a sus hijos que pedalean, les esperan en meta, les dan dos besos y les dicen que no se caigan.
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