Alicaído debe andar Neymar, pues solo así se explica que las siempre gozosas redes sociales no se hayan llenado de imágenes del chico disfrutando de sus vacaciones, allá en alguna playa paradisíaca, acompañado de esos colegas que se hacen llamar los Toyss, cuya labor se reduce al parasitismo. No nos regala Neymar jocosas imágenes de sus días de solaz, lo que podría hacer pensar que ocupa las horas en mejorar su condición física, harto improbable, o meditando sobre su futuro futbolístico. Pero él mismo se ha encargado de despejar las dudas sobre este último asunto: “Continúo en el PSG. Fui allí por un desafío y nada ha cambiado en mi cabeza. Todo el mundo sabe del cariño que tengo por el presidente, por el país y por la afición”. Cierto es. Parece mentira que haya quien dude del cariño que Neymar suele coger a las aficiones. A la del Barça, mayormente. Esas palabras del futbolista deberían bastar para atemperar la congoja de parte de los seguidores madridistas, a quienes la posible llegada al Bernabéu de aquel no es que les guste mucho o poco. Es que les espanta.
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