A sus 33 años, Santi Cazorla es una persona que irradia optimismo y vitalidad, que ilumina a su entorno con su perenne sonrisa, que se amplifica con un balón en los pies. La noche del 19 de octubre del 2016, el centrocampista asturiano disputó un partido de Champions con el Arsenal enfrentándose al Ludogorets. Fue la última vez que se sintió futbolista. Hasta ayer. Cazorla regresó este martes a un terreno de juego, esta vez vestido con la indumentaria del Villarreal. Jugó durante media hora de juego ante el Hércules, repartiendo pases con ambos pies a derecha e izquierda, y compartió su felicidad con compañeros y rivales, con la afición amarilla que se desplazó expresamente a la Ciudad Deportiva del Villarreal para ver el retorno de su querido ídolo tras siete años fuera de casa. El club castellonense le acogió en 2003, le terminó de formar y le hizo debutar en la élite, jugando al lado de Senna, Riquelme, Pirès o Bruno, con los que formó un centro del campo de lujo.
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