Uruguay sumó su segunda victoria en el Mundial tras superar a Arabia Saudí y selló su pase a los octavos de final con uno de los partidos menos memorables del campeonato. Con un ritmo cansino, inferior al de cualquier partidillo de entrenamiento, y a partir de un solitario gol de Luis Suárez que llegó porque Al Owais, el portero saudí -una de las novedades de Pizzi (en qué momento)-, cometió un error grosero con una salida en falso en un córner, La Celeste cumplió con el guion establecido. Eso sí, su interpretación rozó el pragmatismo más gris, emocionante al lado de cualquier trámite burocrático lleno de papeles. No tiene el equipo de Tabárez vocación de león, pero la dimensión de sus dientes (Cavani y Suárez suman juntos 71 goles esta temporada) le obligan a morder por contrato, mucho más si tiene en frente a la presa más tierna del torneo.
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