Polonia descarriló en un partido físico, de disputa y gresca, de guerrilla, un duelo que transitó presa de la excitación generalizada y que premió (1-2) a Senegal, que conforma un colectivo al que no le desagrada manejarse en el barullo. Entre disputas, roces y cuerpeos la selección africana se hizo fuerte para conseguir la primera victoria del continente en lo que va de Mundial. Egipto, Marruecos, Túnez, Nigeria habían caído en sus estrenos. No lo hizo Senegal, que firmó una excelente labor grupal en la que no necesitó aparecer su estrella Sadio Mané. Les bastó con blindarse atrás y convertir en inescrutables los caminos hacia su portería, lo consiguieron incluso con Lewandowski, que fracasó en su estreno en la máxima competición futbolística. Todo sucedió ante un estadio atestado de seguidores polacos que le dio a su equipo marchamo de local. Ni así reaccionaron hasta que casi en el final marchó Krychowiak y abrió una espita de esperanza para los suyos. Sin más.
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