Juan Martín del Potro hizo este viernes de Sísifo, intentado guiar la roca hacia arriba una y otra vez, negado una tras otra y al final rendido porque no hay nadie capaz de resistir tal castigo, semejante frustración. Una, dos, tres, cuatro, cinco y seis. En frío, sin compasión. Seis pelotas de break en el arranque de partido, abortadas la una detrás de la otra, y Rafael Nadal sobrevolando ya otra final de Roland Garros. Al argentino se le vació la moral y poco a poco el depósito, hasta que la tarde se tradujo en la enésima exhibición de fuerza del número uno (6-4, 6-1 y 6-2, en 2h 14m) y el gigante se desmoronó. Nadal, pues, está donde quería estar, batiendo las alas con fuerza y divisando ya a Dominic Thiem, el rival del domingo (15.00, Eurosport y DMax).
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