vendredi 22 juin 2018

Messi, de omnipresente a invisible

En Brasil la rivalidad con Argentina es en color. Antes de que la Albiceleste levantara su primera Copa en el 78, lo Canarinha miraba con cierto desdén a sus vecinos, fuertes en América, débiles en el mundo. Entonces, apareció Cesar Luis Menotti para profesionalizar un juego siempre más pendiente del talento que del trabajo. Con El Flaco como piedra angular, el hilo conductor lo marcaron los entrenadores se llamen Bilardo, Basile, Pasarella, Bielsa o Pekerman. Hasta un sublime, aunque con mal genio, Maradona se puso al servicio de Bilardo para volver a colocar a Argentina en el techo del mundo en México 86. La Asociación del Fútbol Argentino (AFA) se desfiguró y la selección quedó a merced de un futbolista magnifico como Messi, capaz de llevar a Argentina a tres finales consecutivas, sin más armas que un pie izquierdo sin precedentes y una necesidad (quizá de diván) por ser reconocido en su país, la casa que le había cerrado las puertas para completar su formación en Barcelona.

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