En lo que va de Mundial, una gris tendencia se impone. Las grandes selecciones juegan como los equipos pequeños y algunos de estos se sueltan el pelo para jugar como los grandes. Las superpotencias o juegan mal, o tienden a racanear cuando se ponen por delante en el marcador. La legendaria y supercampeona Italia no está presente, pero las raíces del calcio brotan por la hierba de los estadios rusos partido tras partido. Se impone la ley de marcar y luego esperar a la contra. Pero sucede que en lo que va de campeonato aún no se han producido contragolpes para ser recordados. Francia, como Portugal con Marruecos, o como España con Irán por momentos, dio por finiquitada su intención de dominar a Perú cuando Kyliam Mbappe remachó el gol que ha certificado el pase francés a octavos. Es grosera la contemplación de tanto pase fallado, de tan poco riesgo con la pelota en selecciones que cuentan con gran parte del firmamento futbolístico más imponente.
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