El mundial de fútbol es la fiesta en Rusia y en la fiesta las reglas que rigen la vida de la ciudadanía, desde el código penal a las infracciones administrativas, parecen suspendidas. En la calle Nikólskaia, la zona peatonal más cercana de la plaza Roja de Moscú, los agentes policiales contemplan -unos como si no fuera con ellos y otros con simpatía-, cómo sus paisanos cantan, bailan y confraternizan ruidosamente con los hinchas de diferentes países, que afluyen con creciente intensidad a medida que concluyen los partidos en la geografía futbolística del campeonato.
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