“Estaba acojonao, acojonao…”. En medio del barullo que se generó en el Players—la zona reservada a los jugadores, sus equipos, familiares e invitados—, la frase de Manolo Santana resumía el sentir general que se produjo cuando a Rafael Nadal se le vio torcer el gesto y rasgarse el vendaje compresor de su antebrazo, justo con 2-1 y 30-15 en el tercer parcial. Al campeón, contó, se le cortó la circulación y se le entumeció la zona hasta sentir un fuerte calambre.
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