Hay pocas experiencias más traumáticas que la de encerrarse con Rafa Nadal en la pista central de Roland Garros el día de la final. Si el recogepelotas adolescente que le dijo que era un sueño pelotear con él en París se lo llega a decir el día de la final en lugar de hace una semana, es probable que Nadal lo hubiese incrustado en la grada a pelotazos.
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