Con el Villarreal como buen y deportivo sparring, el Madrid se procuró el último ensayo camino a Kiev y lo tramitó con un empate salomónico ante el equipo castellonense, que reaccionó en la segunda mitad. Tras un solvente y plácido primer acto en el que marcaron Bale y Cristiano, el Madrid se destensó en el tramo final y concedió la igualada amarilla, que contentó a todos. Los blancos salvaron el partido sin ningún sobresalto que le desvele hacia el sueño de alcanzar su tercera Champions consecutiva. Y Zidane se dio el capricho familiar de hacer debutar a su hijo Luca en la Liga en la portería blanca.
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