No hay mejor analgésico en la Liga que el Espanyol. El domingo pasado, el conjunto blanquiazul despertó el apetito goleador del Getafe, que llevaba desde febrero sin celebrar una diana frente a su gente; ayer levantó a un Eibar hundido, sin victorias en sus últimos seis partidos. Los muchachos de Mendilibar llegaron a Cornellà, un diván en la Liga, capaz de romper la sequía de triunfos del Eibar, como también su falta de puntería. El cuadro vasco no necesitó más que un buen centro de Paco León y un testarazo de Lombán. Suficiente para aprovecharse de un Espanyol plomizo, que deambula tanto en casa ajena como en la propia, sin más esperanza que el final de la Liga. Hasta el cierre de la temporada, les queda un vía crucis a los blanquiazules, también a Quique Sánchez Flores, víctima de la ira de la hinchada, especialmente encendida contra el técnico madrileño.
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