Fue como si volviésemos a ver al mejor Laureano Oubiña en Fariña el día de su boda con Esther Lago, y justo antes del banquete advierte a los invitados, sedientes y hambrientos: “No vos cebar con los aperitivos que luego vienen las ostras más los lubrigantes, eh”. Exactamente eso ha pasado con la Liga este año, que cuando se supone llegó el punto culminante de la temporada, simplemente estaba decidida. El Barça de Messi la devoró casi en los entrantes. Ante ese escenario, el derbi madrileño solo podía servir para que el ganador estuviese contento durante los diez minutos siguientes al final del partido, ni uno más. Para qué. Enseguida comprendías la inutilidad de tu entusiasmo. Pero ni siquiera hubo ganador.
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