Cuando Rafael Nadal pisa la arcilla, el reloj detiene el tiempo. Pasan los años y el mes de abril, Montecarlo en concreto, se transforma en el Día de la Marmota, porque el número uno vuelve a asomar por su hábitat y rara vez perdona. Abril, la primavera y el glamuroso marco del Principado son sinónimo de disfrute y victorias para el mallorquín, que desde 2005 estableció un protocolo y siempre lo respeta; es decir, arranca la gira sobre tierra batida y en su primera aparición siempre gana, esta vez con un triunfo insultantemente sólido. Enfrente, expuesto al castigo de rigor, le tocó este año a Aljaz Bedene, derrotado en poco más de una hora (1h 17m) por 6-1 y 6-3.
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