Rara vez los contratiempos le han sentado tan mal a Marc Márquez. Es un piloto curtido en la adversidad. Tan poca cosa en sus primeros años de competición, que además de tener que cargar su menuda moto con casi 20 kilos de lastre, se inflaba a zumos de frutas: un litro y medio cada día: plátano, manzana, naranja... Le costó dar el estirón. Y andaba siempre por los suelos. Pero era endiabladamente rápido. O se caía o ganaba. Lo mismo cuando le venían mal dadas. A las sanciones o problemas siempre respondió a lo grane. O a lo torero. “Puerta grande o enfermería”, decía hace unos años. Y así se le recuerdan carreras míticas en Portugal o en Valencia, en Moto3 y en MotoGP.
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