Gerard Piqué solo tenía recuerdos positivos del Olímpico de Roma, escenario en el que el Barça logró su tercera Copa de Europa (2009). También fue el jardín en el que disputó su segundo partido de Champions —con la camiseta del Manchester United— y marcó su segundo gol europeo (antes le hizo diana al Dinamo de Kiev). Un recuerdo que tiene inmortalizado en forma de cuadro y que cuelga en la pared de su despacho de Kerad Games, la empresa de videojuegos que gestiona. Pero anoche fue otra historia. Esa en la que las torres pudieron con los peones.
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