Si existe un torneo futbolístico capaz de modificar y redefinir la estrategia en materia de contrataciones de la secretaria del Real Madrid ese es el Mundial. Los dirigentes del club blanco aguardan la cita mundialistica como un casting particular en el que los jugadores con mayor proyección del planeta opositan a llegar a Chamartín. La trascendencia alcanza tal magnitud que desempeñar un papel destacado en la cita de selecciones bien puede valer un contrato con el Madrid o un desembolso multimillonario por un jugador hasta entonces desconocido para parte del público. La suerte le tocó, por ejemplo, a Mesut Özil tras el Mundial de Sudáfrica 2010 y también a James Rodríguez, el elegido tras el torneo en Brasil en 2014. Sensación y máximo goleador de la última Copa del Mundo, el Madrid no dudó en invertir 80 millones de euros para contratar a un joven colombiano de 23 años. Casi cuatro años después, a las puertas de un nuevo Mundial, James se cruza en el camino europeo del Madrid tras un fracaso inesperado y una salida al Bayern rebajada a la mitad del precio que entonces costó.
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