El 27 de julio de 2013, Pep Guardiola dirigió y perdió su primer partido oficial con el Bayern a manos de un equipo que lanzaba contragolpes fulgurantes. Aquel Dortmund, obra de Jürgen Klopp, asombró al entrenador español en su amargo debut. “Nunca vi nada igual”, dijo el técnico, señalando unas celadas, unas maniobras de presión coordinadas a la perfección y unos ataques incontenibles. Los mismos movimientos, ejecutados por otros hombres, que este martes en Manchester dejaron al City fuera de las semifinales de la Champions. Descarrilado de su trayectoria por el nuevo equipo de Klopp, un Liverpool aguerrido y disciplinado que hace el pressing como se hace en la cuenca del Rhür, y al que corona un jugador sublime: el gran Sadio Mané.
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