Era todo o nada. El único objetivo en ese hoyo 15 era un eagle para dar el zarpazo final en la caza de Patrick Reed y de la chaqueta verde del Masters. Jon Rahm lo tenía clarísimo. Tan claro como lo hubiera tenido Seve Ballesteros. Había que jugársela para ser campeón. El vasco apuntó a bandera y… la bola se fue al agua. Al mismo lago en el que el jueves había naufragado cinco veces Sergio García para acabar el hoyo con 13 golpes, récord histórico del torneo. En el fondo acabaron las esperanzas de uno y de otro. Las de Rahm de suceder a García y conquistar con 23 años su primer grande.
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