Fue un penalti clarísimo. Hay que pitarlo siempre, casi siempre, a veces, nunca. Seguramente ni siquiera fue penalti. Eso depende del área, el árbitro, el equipo y, quizá, de cómo te cae el equipo. Un penalti es puro romanticismo. Se ve o no se ve por amor. Si hacemos un repaso por los foros donde la gente se lo piensa dos veces antes de verter una opinión sosegada, la conclusión es unánime: fue y no fue penalti. Meditarlo en frío, con toda la inteligencia de la que uno es capaz, no cambia nada. Un penalti no pierde su dramatismo aunque pasen mil años.
source Portada de Deportes | EL PAÍS https://ift.tt/2viVpSo
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire