En los primeros años noventa del pasado siglo, la EPO sintética llegó al deporte y, gracias a su capacidad de aumentar los glóbulos rojos en sangre y multiplicar su capacidad de transportar oxígeno, revolucionó el ciclismo. La sustancia encontró sus mayores expertos en la medicina italiana. El profesor Francesco Conconi, de la Universidad de Ferrara, fue el primer maestro de su uso y Michele Ferrari, nacido en 1953, su mejor alumno en su reputado Centro de Estudios Biomédicos Aplicados al Deporte.
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