El ambiente estaba enrarecido en La Rosaleda. El Málaga jugaba su primer partido como equipo de Segunda y el descontento era patente en los aficionados andaluces. En ese ambiente tan hostil, sin embargo, el conjunto andaluz se rebeló contra su sino y obtuvo una victoria que nadie esperaba. Para que ello ocurriera, lógicamente, tuvo que verse una versión de la Real Sociedad muy distinta a la de las últimas jornadas. El conjunto que adiestra Imanol Alguacil había obtenido 10 puntos de 12 sin recibir un gol. En Málaga, la Real nunca dio la sensación de ser un equipo que aspire a Europa. Su ritmo de juego fue lentísimo, insulso. El primer gol del Málaga mató al conjunto vasco, incapaz de reaccionar. La lentitud de la Real se podría explicar por el fuerte calor que reinó en Málaga. También en el hecho de que disputar tres partidos en una semana a estas alturas de temporada rompe las piernas de los futbolistas y embota sus mentes. Fue tan escasa la tensión de la Real, que no hizo ninguna falta a lo largo del encuentro. Un registro realmente sorprendente y que no tiene parangón en las grandes Ligas en la última década. El Málaga, sin hacer ningún alarde, anotó dos goles en sus dos únicas llegadas y fue un equipo digno. Demostró que competirá hasta el final para beneficio de la propia Liga.
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