Los años en los que Seve Ballesteros ganó el Open de España (1981, 1985 y 1995), las licencias del golf en España crecían a un ritmo del 10% anual. A lomos del genio cántabro y de Chema Olazabal, los federados aumentaron sostenidamente hasta dar el gran salto en los cursos de bonanza del boom inmobiliario. Ahora, pinchada la burbuja, las licencias acumulan ocho años consecutivos de descenso —hasta las 272.084 del pasado 1 de enero— y el Open de España que este jueves comienza (12.00 y 16.00, Movistar Golf) ha vuelto a última hora al calendario después de no jugarse la temporada anterior por primera vez desde 1965. El bajón de los federados y la ausencia de patrocinadores públicos y privados han dejado tambaleando a un deporte que como tabla de salvación se aferra al gran estado de forma de sus golfistas (tres entre los 25 primeros). Y por encima de todos a Jon Rahm, el vasco de 23 años que es el cuatro del mundo y que viene de ser cuarto en el Masters de Augusta.
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