Si hace exactamente una vuelta les hubiesen anunciado a Alavés y Girona que el primero viviría la primavera con la tranquilidad del que se sabe salvado y el segundo afrontaría el tramo final del campeonato agarrado al tren de Europa, probablemente ninguno de los dos se lo hubiese terminado de creer. El desahogo hubiera sido la reacción más lógica en Vitoria, donde en invierno visitaban Montilivi como colistas, con el agua al cuello y haciendo frente a una creciente inestabilidad institucional que había desembocado ya en la contratación del tercer entrenador de la temporada y a la postre artífice de la hazaña, el Pitu Abelardo. Algo aproximado a la estupefacción hubiese provocado en Girona, donde entonces, solo unos meses después de aterrizar en la cumbre por primera vez en su historia, hablar de Europa sonaba a ficción. Ayer, después de asaltar Mendizorroza (1-2) gracias a los goles de Aleix García y Stuani en un duelo alborotado y polémico, con dos tantos anulados al Alavés y un penalti a favor de los catalanes, el sueño continental permanece más vivo que nunca, a solo un punto de distancia.
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