Es la verosimilitud lo que hace que los lectores, los espectadores, se enganchen a tal o cual historia. Parece mentira que un piloto de un equipo privado con una moto del año pasado y sin todas las ayudas y actualizaciones que tienen los pilotos oficiales, con el apoyo diario de la fábrica, pueda aspirar a ganar nada en un campeonato tan competitivo como el de MotoGP. Para creer uno debe conocer a Johann Zarco. Él es el elemento que hace verosímil lo que muchos ven increíble. Porque pilota una Yamaha hecha para el 2017, el año en que más sufrieron en la casa de los diapasones. Pero lo hace con la convicción y la dedicación del panadero que todavía elabora el pan de cada día con masa madre. El francés, 27 años, es un trabajador nato. Y se ha pasado todo el invierno pensando en cómo llevar esta M1 de la manera que ella quiere. Parece que lo ha conseguido. Porque en un circuito en el que estaban llamadas a volar las Ducati, 12 km/h menos de velocidad punta que la moto de Dovizioso, él fue quien se llevó la primera pole position de la temporada. Márquez y Petrucci a su lado en la primera línea (la carrera este domingo, a las 17.00 en Movistar MotoGP).
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