“Me vino de la nada. Nunca antes lo había sufrido. Ni siquiera sabía si era real. Pero fue real, tan real como una fractura en la mano o un esguince de tobillo. Desde aquel día, cambió casi todo lo que pensaba sobre mi salud mental”. Kevin Love, pieza básica en los Cavaliers que han disputado las tres últimas finales de la NBA, fue hospitalizado el 5 de noviembre tras un partido contra Atlanta. Entonces, él mismo explicó que había sufrido dolores estomacales y dificultades respiratorias. En un artículo publicado el 6 de marzo en The Player’s Tribune, Love desvela que aquellos síntomas se correspondían con un ataque de pánico. Estaba estresado y no podía conciliar el sueño. El problema se manifestó sobre todo en el tercer cuarto del partido. “Es difícil describirlo”, cuenta. “Todo me daba vueltas, como si mi cerebro estuviera intentando salir de mi cabeza. El aire parecía espeso, pesado. Mi boca estaba pastosa. Recuerdo a un ayudante del entrenador gritando algo acerca de una acción defensiva. Asentí, pero no había escuchado nada. Me estaba volviendo loco”.
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