Ipurua se levantó sobre los escombros de buena parte de las 900 viviendas destruidas por los ataques aéreos de la aviación fascista en la Guerra Civil. Eso, y construir cañones, imprime carácter. En el fino argot madrileño a estos partidos se les llama partido-trampa: en realidad es trampa a secas. El Real Madrid pegó las patitas en pegamento en el minuto cero y el Eibar se dispuso a entrar en el área dando patadas a las puertas. Lo hizo con una presión asesina que haría morir de gusto al jeque Nasser Al-Khelaifi: tíos desencadenados rodeando a cada jugador del Madrid como si en lugar de once azulgranas hubieran salido cien. Cualquier otro arranque hubiera sido una decepción; sólo faltó que, tal y como había sido preparado, marcase en el minuto uno Takashi Inui en medio del prime time japonés, si eso aún existe.
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