Si al fútbol le quitas el riesgo, la emoción o el suspense te queda una lectura de guión tan necesaria para el jugador, como aburrida para el público. Y sucede que esta Liga se ha empeñado en acabar pronto la partida por distintas razones. Las de la Real, que empezaron como soles imparables, están deseando que el último árbitro pite el final del último partido para huir de este chaparrón permanente, lavarse bien la cara y mañana será otro día. A tanta distancia de la última plaza europea y con tan poco ánimo se puede decir que a estas alturas solo dos jugadores de la Real sienten el latido del corazón desbocado: Odriozola, con una plaza casi segura con España, salvo desastre, y Willian José, convocado por Brasil y con serias probabilidades de ser el tercer nueve de la canarinha. Los dos únicos premios a una debílisima temporada.
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