El viento robó a la Volta la ascensión a Vallter 2000, su cumbre reina, y privó a los aficionados de esas peleas de escaladores entre sí y contra la gravedad que tanto apasionan, pero a cambio les hizo el regalo de una estampa de ciclismo antiguo, ay, la nostalgia, la de un ciclista belga con un maillot más blanco que rojo, a lo Faema, solo en una carretera desierta, falso llano eterno, árboles desnudos de ramas agitadas, pueblos sin almas, dos jubilados sentados junto al asfalto helado calentados por un rayo de sol tímido en el norte de Cataluña.
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