La importancia de Griezmann en determinados partidos puede ser directamente proporcional al juego del Atlético. Cuanto menos le corre la pelota a los jugadores de Simeone, cuanto más trabado está, más agradece que al futbolista francés resuelva desde su calidad. El de ayer era uno de esos encuentros que pedía a gritos que la estrella marcara el camino con detalles de futbolista diferente y decisivo. No estuvo a la altura en el Camp Nou, pero ante el Celta emergió. Lo hizo en dos momentos puntuales y dañinos para crujir la moral del Celta. Primero con el gol al borde del descanso. Después, con un pase filtrado a Vitolo cuando aún temblaba el poste de Oblak por un remate al palo de Radoja.
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