El Leganés bajó de la nube al Sevilla, que venía de clasificarse para los cuartos de final de la Champions y vivió la realidad y la dureza de la Liga, donde debe pelear para asegurar su presencia europea la próxima temporada por esta vía. El conjunto madrileño hizo su partido a la perfección, defendiendo con orden, asfixiando a un equipo sin la intensidad física y, sobre todo, mental que exigían el pleito en Butarque. No se le pueden poner muchos peros al Sevilla, en la final de Copa, vivo en la Liga de Campeones. La exigencia de pelear en todos los frentes es demasiada para un grupo de jugadores a los que no se puede acusar de negligencia. Simplemente no pueden. El lujo de competir a un intensísimo nivel miércoles y domingo solo parece reservado a Barcelona y Madrid. El Leganés interpretó a la perfección lo que requería el encuentro y logró un triunfo que le certifica la salvación. Siempre incómodo en el partido, el Sevilla le cogió cierto asco al mismo desde el primer minuto, con su centro del campo asfixiado, sin capacidad para enlazar con el héroe de Old Trafford, Ben Yedder, que apenas tocó el balón. El Leganés se permitió el lujo de hacer un gran segundo gol, mientras que al Sevilla hay que reconocerle un tirón final con agallas, donde Layún recortó distancias incluso en inferioridad por la expulsión de Sarabia.
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