Un lateral se asoma a la historia principal de un partido de fútbol por una grieta, con la voluntad de un relámpago, y lanza un pase, o ejerce de pared, y después desaparece de escena. A veces su pase huele a gol. Vive efímeramente, como los solitarios que solo salen a comprar el periódico, la cajetilla de tabaco, y un día, cada dos años, también a cambiar la pila del reloj, que se paró. El lateral se mueve tan pegado a la línea de banda, más allá de la cual el fútbol no existe, que en distintas fases del partido pertenece al mundo de los muertos, del que sin embargo consigue entrar y salir con libertad. En ciertos momentos podría representar el papel de Perico de los Palotes, alguien indeterminado, una persona cualquiera, desconocida, y que, según el Inventario general de insultos de Pancracio Celdrán, aunque "no se sabe quién fue, debió existir".
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