Al Girona le ha desaparecido el acné juvenil, también la fogosidad del novato. Ya no es una promesa ni una ilusión sino una realidad sobresaliente. Esa que dice que el equipo de Machín tiene dejes de grande, toda vez que los rivales se adecuan desde la pizarra a su forma de jugar y porque ni siquiera le hace falta destilar buen fútbol para someter al contrario. Ya lo aprendió el Deportivo, equipo con moho y en caída libre, sin fútbol ni ideas para replicar a un Girona que aspira a ser el primer debutante de Primera en clasificarse para Europa. Tras un nuevo triunfo en Montilivi —son seis seguidos—, este basado a balón parado, va por buen camino.
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